Investigadores de la UMH, Brasil y Portugal estudian junto a estudiantes y ciudadanía el impacto de la ecoansiedad en la salud mental
Internacionalización de centros
9 mayo 2026
La Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) celebraba esta semana el laboratorio ciudadano “Ecoansiedad y Cambio Climático”, una iniciativa concebida como un espacio de encuentro y trabajo colaborativo que ha reunido, entre otros, a investigadoras internacionales de Brasil y Portugal, alumnado de distintas titulaciones e integrantes de colectivos locales, como Aigües d’Elx o Elche Acoge, para abordar el impacto emocional y en la salud mental de lo que se conoce como ecoansiedad y que está vinculado a crisis climática.
La sesión, celebrada el pasado lunes en el campus de Elche, estuvo conducida por el investigador emérito del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Antonio Lafuente, experto en metodologías participativas y ciencia ciudadana. A lo largo de la jornada, las personas asistentes compartieron, primero, conocimientos, experiencias e inquietudes en un entorno común con el objetivo, luego, de identificar retos y cocrear propuestas para afrontar la ecoansiedad. Este fenómeno se entiende como una respuesta emocional normal ante el cambio climático que, si no se identifica y gestiona adecuadamente o se mantiene en niveles elevados de forma prolongada, puede derivar en un deterioro de la salud mental.
La actividad contó con la participación de las investigadoras Alicia Matijasevich (Universidade de São Paulo), Jessica Maruyama (Universidad Presbiteriana Mackenzie) y Ana Isabel Ribeiro (Universidade do Porto), en el marco del proyecto internacional Cli-Mind. Esta iniciativa analiza cómo la juventud percibe y experimenta la crisis climática, así como el papel de los medios de comunicación en este proceso, y está financiada por el programa SPRINT del Vicerrectorado de Relaciones Internacionales y Cooperación de la UMH y la agencia brasileña FAPESP. En la UMH, el equipo está liderado por la profesora María Pastor y cuenta con la participación del profesorado de Periodismo Alba García, Alicia de Lara y Jesús Mula.
El laboratorio confirmó que la creación de espacios seguros y libres de juicio, donde todas las voces se expresan sin necesidad de presentarse previamente, para no intimidar a los que aparentemente no saben frente a voces expertas, favorece una participación equitativa entre ciudadanía, ámbito académico y estudiantado, facilitando el intercambio de experiencias y la generación conjunta de respuestas frente al cambio climático.
Los participantes, cerca de una treintena, coincidieron en la necesidad de reorientar el relato climático, pasando de un enfoque centrado en el alarmismo a un discurso más equilibrado que visibilice iniciativas en marcha y de concienciación. Este planteamiento, más constructivo, contribuye a generar esperanza y a impulsar conductas proambientales, especialmente entre la población joven.
De este proceso surgieron cinco propuestas de aplicación local, orientadas a mejorar la comunicación climática. Entre ellas destacan la creación de guías digitales contra la desinformación, dirigidas tanto a la ciudadanía como a profesionales; la difusión de casos de éxito en otros contextos; y el desarrollo de programas educativos en Infantil y Secundaria, con la implicación del alumnado, el profesorado y las familias.
n conjunto, la experiencia ha puesto de relieve el valor de los laboratorios ciudadanos, “cocinas cívicas”, si se atiende a la definición preferida por el profesor Antonio Lafuente, como herramientas eficaces para acercar ciencia y sociedad y avanzar hacia una ciudadanía más implicada, resiliente y comprometida con la acción climática.